CUENTO PROFANADO POR
J.RAMÓN
Iba el sábado caminando desde mi casa
a la plaza 26 de Abril camino de la feria de la gamba. Al cruzar la
esquina del banco vi que había apoca gente, creo que llegué
demasiado temprano. No obstante, comencé a dar vueltas por allí
buscando a mis amigos; miré por allí, miré por allá, así hasta
que comprobé que no estaban. Entonces, decidí volver a casa de mi
madre a buscarlo que me tenía preparado para dejarlo en mi casa.
Cuando llegué mi
madre me tenía preparado una tortilla que estaba sobre la mesa,
decidí cogerla e irme, al coger por un callejón escuché unos
ruidos bastante extraños. Seguí mi camino pero cada vez escuchaba
más y algo más fuerte, me pudo la curiosidad y me fui acercando
lentamente, los gritos ya se escuchaban como si estuviera a mi lado.
Me llevé las manos a los oídos para
amortiguar la algarabía. Cerré los ojos como si ese modo el ruido
pudiese detenerse... ¡ Y se detuvo ! Los abrí incrédulo y regresó
el griterío. Volví a probar cerrando y abriendo los ojos. Ya me
imagino el aspecto que tenía un tanto en mitad de la calle. Y la
tortilla en el suelo, a mis pies. El cuadro aquel de El grito debió
basarse en alguien como yo, porque me puse a gritar.
Era, como temía
mi subconsciente marinero: La rebelión de las gambas.
Gambas y
langostinos gigantes corrían tras los ciudadanos en busca de
venganza. No podían soportar por mas tiempo a una orquesta que
cantaba “La ventanita del amor se me cerró”. Pero yo tenía la
fórmula ¡ joder es fácil ¡ cierra la puta ventana de una
vez.
¡ Tocad¡ gritaba desgañitándome
entre el tumulto creado ¡ Tocad Reggaeton ¡ Me hicieron caso, la
atamborilada música creó en los siniestros marisco un cambio
radical. Entre ellos competían. Las gambas y
los langostinos se peleaban por mi tortilla, que con tanto cariño
hizo mi madre, y yo entre el griterío, la música, etc. No era capaz
de recoger mi tortilla del suelo y salvarla del marisco que se
acercaban más y más a ella.
Desgraciadamente, fui incapaz de
recogerla, las malvadas gambas y langostinos consiguieron robármela.
¡ Me había quedado sin cena ¡
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