viernes, 10 de mayo de 2013


CUENTO PROFANADO POR J.RAMÓN



Iba el sábado caminando desde mi casa a la plaza 26 de Abril camino de la feria de la gamba. Al cruzar la esquina del banco vi que había apoca gente, creo que llegué demasiado temprano. No obstante, comencé a dar vueltas por allí buscando a mis amigos; miré por allí, miré por allá, así hasta que comprobé que no estaban. Entonces, decidí volver a casa de mi madre a buscarlo que me tenía preparado para dejarlo en mi casa.

Cuando llegué mi madre me tenía preparado una tortilla que estaba sobre la mesa, decidí cogerla e irme, al coger por un callejón escuché unos ruidos bastante extraños. Seguí mi camino pero cada vez escuchaba más y algo más fuerte, me pudo la curiosidad y me fui acercando lentamente, los gritos ya se escuchaban como si estuviera a mi lado.

Me llevé las manos a los oídos para amortiguar la algarabía. Cerré los ojos como si ese modo el ruido pudiese detenerse... ¡ Y se detuvo ! Los abrí incrédulo y regresó el griterío. Volví a probar cerrando y abriendo los ojos. Ya me imagino el aspecto que tenía un tanto en mitad de la calle. Y la tortilla en el suelo, a mis pies. El cuadro aquel de El grito debió basarse en alguien como yo, porque me puse a gritar.

Era, como temía mi subconsciente marinero: La rebelión de las gambas.

Gambas y langostinos gigantes corrían tras los ciudadanos en busca de venganza. No podían soportar por mas tiempo a una orquesta que cantaba “La ventanita del amor se me cerró”. Pero yo tenía la fórmula ¡ joder es fácil ¡ cierra la puta ventana de una vez.

¡ Tocad¡ gritaba desgañitándome entre el tumulto creado ¡ Tocad Reggaeton ¡ Me hicieron caso, la atamborilada música creó en los siniestros marisco un cambio radical. Entre ellos competían. Las gambas y los langostinos se peleaban por mi tortilla, que con tanto cariño hizo mi madre, y yo entre el griterío, la música, etc. No era capaz de recoger mi tortilla del suelo y salvarla del marisco que se acercaban más y más a ella.

Desgraciadamente, fui incapaz de recogerla, las malvadas gambas y langostinos consiguieron robármela.

¡ Me había quedado sin cena ¡

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