Mireia miró el reloj, eran las 10 de la noche, ya era hora de irse para casa. Vivía en una ciudad cosmopolita, Nueva York, hasta llegar a su casa tendría que caminar mucho, pero era martes y no habría mucha gente por la calle.
Cuando llegó, puso la tele, tenía los canales españoles y en el programa de Jesús Vázquez, Allá tú..., uno de los concursantes era un doctor de Madrid.
— ¡Hostia puta! A ese tío lo conozco yo. Esos grandes ojos verdes no se me olvidarán nunca.— A Mireia le entró ira al recordad que fue él quién le hizo tanto daño en la pierna jugando al Cricket.
La pareja de Mireia era un gran jugador de Cricket y la llevó una vez para enseñarla, pero el dichoso doctor le dio el día.
De repente Mireia se puso melancólica al recordar todo lo que había dejado en Madrid:
— Ummm, ¡éramos buenos amantes!
Después de trasladarse por unos minutos a su pasado, decidió que tenía que seguir su vida en Nueva York y dejarlo todo atrás, el trabajo era lo más importante en esos momentos. Se preparó un bocadillo de morcilla española que su madre le había enviado, junto con otras cosas difíciles de encontrar en América, y siguió con su investigación. Estaba recopilando los nombres y apellidos de todos los asesinatos por empalamiento que había hecho Drácula.
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