martes, 7 de mayo de 2013

Cuentos profanados de Erika Díaz

     Era una noche de verano, las dos chicas eran grandes amigas, aparte de ser compañeras de trabajo. Algo les pasó en Aracena, ese pueblo de la sierra de Huelva tan bonito, pero no por ello, falto de historias de lobos entre sus gentes.
     Había sido una semana dura para las dos en el trabajo y por ello su jefe las quiso recompensar con un fin de semana en la sierra.
     Cogieron sus mochilas y decidieron hacer senderismo, metieron lo básico para pasar el día: agua, refrescos, algún bocadillo; y chocolatinas y emprendieron su camino hacia el Cerro Muriano, antes de comenzar su andadura, entraron unos minutos a ver la Virgen de los Ángeles. La ermita era muy pequeña y antigua, pero preciosa. Decidieron seguir caminando, el paisaje era cada vez más bonito. Veían a las mariposas volar sobre las flores de colores mientras el sol iluminaba todo.
     Cuando hubieron caminado un buen rato, decidieron sentarse junto a un pequeño arroyo que encontraron, para refrescarse un poco y descansar.
     Los rayos de sol caían perpendiculares sobre la cristalina agua, arrancándole destellos brillantes, que parecían diamantes.
     Un olor reconocible y muy apetitoso hizo que toda la belleza y protagonismo del paisaje se esfumara... ¡Carne asada a la parrilla, chorizos y tortillas!
     Como si de una linterna en la noche se tratase, las narices guiaban a las chicas a través del campo. Matorrales, árboles, troncos y hiervas picantes no consiguieron disuadir el hambre que guiaba a dos estómagos.
     Caminando hambrientas tropezaron con algo en el suelo, una alumbró con la linterna comprobando que era una pequeña cripta don enterrado estaba un pequeño melocotón. Lástima, no se lo podían comer ya que estaba putrefacto. Siguieron por tanto su camino tras el olor apetitoso de la carne. Más adelante vieron una luz, apagaron sus linternas y las chicas pudieron ver una reunión de chicos con enormes y sabrosas salchichas calentitas, que esperaban a se devoradas. Las chicas, al estar hambrientas, decidieron ir hacia esos chicos, ellos la miraron y se abalanzaron sobre ellas sacando sus colmillos, le mordieron en el cuello chupando toda la sangre que tenían hasta dejarlas sin vida.

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